Se acercan las fechas de exámenes y el comienzo del nuevo curso, momento en el que nos gustaría volver a publicar el artículo de nuestro colaborador y orientador José Antonio Fernández Rincón, “La Educación amada”.. ¡Feliz comienzo de curso!

“La Educación amada”

Nacemos iguales, o eso decía Rousseau, buenos por naturaleza y vamos convirtiéndonos en lo que somos a medida que crecemos. Nos relacionamos, socializamos, compartimos, etc., porque aprendemos constantemente, nos educamos a cada momento, en cada instante y de todas las cosas y circunstancias que nos rodean.

Al final se va formando la persona, a base de educación, la adquirida socialmente y en nuestra propia evolución de vida (Nature) y la que adquirimos de forma voluntaria (Nurture). Aunque lo general es que solamos pensar que la educación como tal, es la referida a la que se imparte en el sistema escolar, o sea, la educación formal.

Pero educar es conseguir llevar a la persona desde su infancia, hasta el final de su vida consiguiendo que se sienta posicionado en sociedad de forma adecuada, que adquiera herramientas y habilidades (competencias). Esto es lo que nos hace realmente estar preparados para  ser capaces de cumplir nuestros sueños, lo que nos hace ser personas con capacidad de estar y vivir disfrutando de cada etapa, de cada momento.

Educar no es inculcar conocimientos, la educación no es estar instruidos en materias y pruebas de evaluación (Exámenes). Eso forma parte de la adquisición de conocimientos básicos o específicos de materias incluidas en un currículum establecido por ley, pero no mide nuestra educación, ni siquiera mide nuestras capacidades.

Educar es amar, educar es entregar, educar es escuchar, educar es reforzar la persona y ayudarla en su evolución personal. Los padres, educadores, formadores, pedagogos o profesores de apoyo son la vara que sostiene la planta mientras crece, para que lo haga de forma adecuada. No hay mejor libro que el del amor regalado, que el de los sentimientos puros entregados, que el de los valores y la ética ofrecida. No hay mejor educación que la que hace que, a la vez que aprendemos y adquirimos conocimientos, nos haga ser personas críticas, transformadoras, pensadoras y con ilusiones y sueños por construir.

El apoyo psicopedagógico personal para estudiantes y familias, el refuerzo escolar, el seguimiento personalizado de lo académico, la atención a la diversidad (porque todos somos diversos y especiales) y la inclusión educativa y social, no son más que indicadores de amor trasladados al crecimiento de las personas, o sea, a su educación.

Afortunadamente hoy encontramos academias que son referentes de esto. Y ofrecen una carta de servicio orientadas en este sentido, donde desde la atención personalizada al alumno, se ofrece un trabajo docente de apoyo y refuerzo así como de orientación psicopedagógica a éstos, a sus familias y a las necesidades específicas de cada caso con un seguimiento personalizado.

Educar es amar, y la verdadera educación se encuentra en los corazones, no en las aulas.

José Antonio Fernández Rincón – Orientador Academia Didacta Bermejales

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